1. Olinda: una joya colonial detenida en el tiempo
Llegar a Olinda es como meterse en otra época.
Calles empedradas que suben y bajan sin lógica aparente, casas coloniales pintadas con colores intensos, talleres de arte escondidos en cada esquina… y un ritmo completamente distinto al de Recife.
Olinda fue fundada por los portugueses en el siglo XVI y, durante un período, estuvo bajo dominio holandés. Esa mezcla dejó una huella muy particular en su arquitectura y en su identidad.
Pero si hay algo que realmente impacta, son sus iglesias.
Muchas están revestidas en oro. Y no es exageración.
En la época colonial, el azúcar tenía un valor comparable al oro, y Pernambuco era uno de los mayores productores del mundo. Esa riqueza se volcaba, literalmente, en los templos.
Entrar en una de esas iglesias es como abrir una puerta en el tiempo: altares dorados, tallas barrocas, detalles por todos lados… una opulencia que contrasta con la calma de la ciudad.
Entramos a la Basílica de São Bento justo cuando estaba por comenzar la misa.
El altar completamente dorado, las tallas barrocas, la disposición del espacio… todo transmite una opulencia difícil de imaginar hoy.
Y después pasan esas cosas que también forman parte del viaje.
En contra de todo lo que habíamos escuchado sobre inseguridad, me olvidé la cartera en un restaurante. Cuando me di cuenta, ya era tarde… o eso pensé.
El mozo corrió varias cuadras para devolvérmela.
De esas pequeñas escenas que te reordenan los prejuicios en segundos.
Terminamos el día en el hotel, con piscina, descansando después del viaje. Sin grandes planes. Solo disfrutando.
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Un mirador, una despedida… y la sensación de haber empezado bien
Al día siguiente, antes de seguir ruta, subimos a uno de los puntos más lindos de la ciudad: la terraza de la Catedral da Sé de Olinda.
Caminamos por la Rua do Amparo, pasamos por el museo del carnaval y empezamos a entender otra dimensión del lugar.
Desde ahí se ven los techos color terracota, el entramado de calles, la feria artesanal, las galerías de arte… y al fondo, el mar.
Ese mar que ya prometía lo que venía.
Cuando vayas caminando, verás muchos "cabezudos" de Carnaval adornando fachadas. Es que justamente Olinda tiene uno de los carnavales más importantes de Brasil, famoso por sus “cabezudos”: figuras gigantes con caras de personajes conocidos.
No es casualidad que Olinda sea Patrimonio de la Humanidad.
Pero más allá del título, lo que tiene es algo difícil de explicar: una mezcla de historia, arte y vida cotidiana que te hace bajar un cambio casi sin darte cuenta.
Y ahí sí, con el viaje ya “encendido”, volvimos al auto.
El nordeste recién empezaba.
2. Pipa: playa, delfines libres y momentos que no se olvidan
Continuamos en auto hacia el norte rumbo a Pipa, un pequeño pueblo que muchos consideran uno de los destinos más encantadores del nordeste brasileño.
Nos alojamos en un hotel con piscina —clave viajando con chicos— y empezamos a recorrer el centro: bares, rodizios de pizza, restaurantes de camarones y tiendas con arte bien colorido, muy en sintonía con el ambiente relajado del lugar.
Pipa tiene algo especial. No es solo playa: es una mezcla de naturaleza, movimiento y esa sensación de que todo fluye sin apuro.
🌊 Regla de oro en Pipa
La marea manda. Con marea baja podés caminar entre acantilados pasando de una bahía a otra. Con marea alta, el camino desaparece. Chequeá siempre el horario de mareas antes de salir.
Praia do Madeiro: la primera gran postal
Uno de los primeros días fuimos a conocer Praia do Madeiro.
Y ya desde arriba impacta.
Desde los acantilados, la vista es impresionante: vegetación intensa, altura y ese mar de color increíble que parece exagerado… pero no lo es.
Para bajar hay que hacerlo por una escalera larga, metida entre la vegetación y con bastante pendiente. No es difícil, pero sí te hace sentir que estás entrando a un lugar especial.
Abajo nos encontramos con una playa amplia, muy concurrida, con varias barracas bien armadas.
El agua, como en toda la zona, es cálida. De esas en las que te metés sin pensarlo.
Terminamos quedándonos más tiempo del previsto. Una constante del viaje.
Praia do Golfinhos: el momento que no olvidamos
Madrugamos para llegar a las 6 de la mañana, con la playa prácticamente para nosotros solos.
Alquilamos dos kayaks —uno para Gerardo con el más chico, otro para las dos mayores— y yo me quedé en el agua disfrutando del Atlántico calentito, haciendo la plancha.
De repente, escuché a los chicos gritar desde el kayak: "¡Mamá! ¡Mamá!" Me paré en el agua y en ese instante un delfín saltó a pocos metros de mí atrapando un pez. Vi al pez saltar… y atrás el delfín.
Nuestros hijos lo venían siguiendo desde lejos sin imaginar que iba a aparecer literalmente a mi lado. Fue uno de esos momentos que te quedan grabados para siempre. Estar así, conviviendo con la naturaleza sin zoológicos ni barreras, es algo difícil de explicar.
Cruzando un río… y terminando en una aventura
Uno de los días decidimos salir a explorar más allá y manejar hacia el sur de Pipa, siguiendo la recomendación de un guía.
En el camino nos encontramos con un río sin puente.
La única forma de cruzar era en una jangada: una balsa rústica donde entra apenas un auto, empujada con un palo largo contra el fondo.
Nos miramos entre todos:
—¿De verdad vamos a cruzar en esto?
Spoiler: sí.
Y valió la pena.
Del otro lado el paisaje cambiaba completamente: viento, naturaleza abierta y mucha actividad en el agua.
Ahí hicimos uno de los paseos más divertidos del viaje.
Nos subimos a una lancha… pero enganchados a un inflable circular que iba atrás, girando sobre el agua.
Entre risas, gritos y algún que otro intento de no salir volando, terminamos empapados y felices.
Para los chicos fue pura adrenalina.
Y para nosotros, uno de esos momentos inesperados que terminan siendo de los mejores.
Praia do Amor: el espíritu de Pipa
El nombre no es casual: vista desde arriba, la forma de la playa recuerda a un corazón.
Es una playa rodeada de acantilados, con un ambiente relajado y muy brasileño.
Ahí hicimos lo que hay que hacer:
->agua de coco frente al mar.
Compramos bikinis para las chicas —y confirmamos que en Pipa hay diseños increíbles— y nos instalamos en una barraca con hamacas, flores y música suave.
En esa playa hay algo muy particular (al menos había): una pequeña biblioteca armada por viajeros. Podés llevarte un libro si dejás otro.
Una de nuestras hijas encontró uno que hacía tiempo buscaba y que en Uruguay no conseguía.
También coincidimos con una rueda de turistas y locales en guitarreada. Cada uno tocando algo de cada uno de sus países.
Gerardo, fan de la guitarra, no dudó en sumarse para dejar un candombe sonar por esas tierras, con acompañamiento de percusión ¡de un brasileño!. ¡Una experiencia imborrable!
De esas cosas que no se buscan… pero pasan. ¡Debe ser por este tipo de cosas que muchos viajeros terminan quedándose a vivir en Pipa!
Subimos luego por los acantilados y terminamos en un bar más exclusivo. No era exactamente un lugar de paso, pero nadie dijo nada.
Y las vistas desde arriba… espectaculares.
Navidad en Pipa
Ese año pasamos Navidad en Pipa.
Disfrutamos del centro, de los restaurantes y de varias playas.
Pipa tiene ese equilibrio difícil: naturaleza fuerte, buena gastronomía y un ambiente relajado que hace que los días pasen sin darte cuenta.
3. Porto de Galinhas: piscinas naturales y Réveillon
El viaje es largo desde Pipa a Porto de Galinhas.
Hicimos una parada ni bien entramos a Recife, en el Instituto Ricardo Brennand, una construcción de estilo medieval llena de armaduras históricas y salas dedicadas a la colonización holandesa en Brasil.
En Porto de Galinhas devolvimos el auto alquilado (por unos días), para disfrutar de las playas, luego del all inclusive, para luego retomar al sur.
💡 El mejor consejo del viaje
"Si van a hacer excursiones todos los días, no vale la pena pagar un all inclusive desde el primer día." La estrategia ideal: primero excursiones y exploración alojados en hotel regular, y recién al final unos días de descanso en el all inclusive. Así aprovechás bien el dinero.
En Porto de Galinhas aprendimos que la marea lo define todo. Cuando baja, aparecen las famosas piscinas naturales, verdaderos acuarios de agua cristalina.
Se puede llegar campinando o en jangada, pero hay un detalle clave: usar calzado adecuado para evitar lastimarse con los erizos de mar. Un pequeño tip que cambia completamente la experiencia.
⚠️ Importante
Para poder entrar a la zona de piscinas naturales, deber estar 2 horas antes del pico mínimo de marea baja en la Plaza del Reloj.
Allí, luego de mostrarte un video, te pondrán gratuitamente una pulsera en la muñeca que te permtirá entrar a ver ese paraíso natural.
Los paseos en Jangada los compras ahí mismo, en la Asociación de Jangaderos.
Si vas a las piscinas naturales nadando o caminando, hay guías te dirigen caminando por el mar y sobre los corales hasta llegar a las piscinas naturales. En realidad no es que los contrates, están ahí para advertirte si vas por mal camino.
🦔 Tip fundamental
Llevar Crocs o aquashoes (calzado para agua). Entre las rocas viven erizos de mar y sin protección la visita puede volverse muy incómoda.
La noche de Porto Galinhas
De tarde noche, al igual que en Pipa el paseo casi obligado por el centro que es muy movido, lleno de tiendas, mucho arte y gallinas gigantes. Allí tuvimos que comprar buzos con filtro UV para protección solar ya que era muy intenso el sol, y por más bloqueador que pusieras, estaba insostenible. Haciendo snorkel no te das cuenta como te bronceas.
Praia de Maracaipe
Utilizamos el transporte público para conocer Praia de Maracaipe.
Conocimos los manglares y los caballitos de mar, aunque preferimos verlos en su entorno natural.
Aquí abajo te dejamos actividades para hacer en Porto da Galinhas sin tener que preocuparte por la logística:
Praia dos Carneiros
Utilizamos uno de los días de alojamiento económico para conocer Praia dos Carneiros.
Un lugar hermoso, no solo por la playa, peces, desembocadura, excursión en lancha por el río, la icónica Capilla frente al mar, y un lugar donde dicen que el barro te rejuvenece. Allí te diviertes mucho llenándote de barro areoso. Va un fotógrafo en la lancha que te saca fotos fantásticas.
Uno de los lugares más fotografiados de la excursión es la pequeña Capela de São Benedito que el catamarán pasa por enfrente. Es una una iglesia blanca del siglo XVIII ubicada literalmente frente al mar, actualmente se realizan casamientos exclusivos o eso nos comentaban. El contraste entre la arena blanca, las palmeras y la capilla crea una de esas imágenes que parecen sacadas de una postal.
Luego de finalizado el tour de lancha, recomendamos ir frente a la desembocadura al lado del club de playa Bora Bora, donde las palmeras están bastante horizontales y te permiten sacarte fotos cómicas como coltado "tipo mono".
Tomamos un Tour que nos llevó y trajo en el día. Si bien todo el tiempo que pasamos en Carneiros lo difrutamos muchísimo, no nos gustó las demoras al ir (iba hotel por hotel, demorando varios minutos en cada uno) y al volver (hubo gente que se quedó más del tiempo estipulado). Como broche de oro estuvimos detenidos como una hora al menos por un tema de falla en la van del transfer.
Aprovechamos a compartir opciones con GetYourGuide que aparte de tener cancelación gratuita, puedes observar las reseñas de los usuarios:
Réveillon en blanco: la noche más festiva del año
Para año Nuevo, nos alojamos en un All Inclusive, para empezar bien el año. Dicen que como empiezas el año, es como será. ¿Coincides?
Y entonces llegó el Réveillon. Todos vestidos de blanco —habíamos sido advertidos con anticipación— y el comedor transformado en algo que no esperábamos: manteles largos, copas, un buffet de altísimo nivel y mozos que pasaban continuamente rellenando los vasos de espumante.
4. Maragogi: el final de ensueño
Con el nuevo Auto Alquilado en Recife, nos dirigimos hacia Punta de Mangue, donde teníamos una casa alquilada cerca de Maragogi. Para los chicos fue ideal: piscina propia, mucho espacio y la sensación de libertad.
💡 Tip importante para Maragogi
Reservá el catamarán a los Galés con bastante anticipación, especialmente en temporada alta. Es la excursión más demandada y se agota rápido. No cometas nuestro error.
Aun así, la barraca de playa valía el día: piscinas, áreas de descanso, comida deliciosa y snorkel con peces tropicales a pocos metros de la orilla. Nos fuimos con ganas de más.
En 2026 recorrimos desde Maceió hasta Ponta de Mangue, pero eso será otra historia.
Reflexión final
Este viaje fue mucho más que un recorrido de playas:
- - Olinda nos conectó con la historia y la arquitectura colonial.
- - Pipa nos regaló momentos únicos en contacto con la naturaleza.
- - Porto de Galinhas nos enseñó a entender el mar y sus tiempos.
- - Maragogi es un lugar maravilloso que nos dejó con ganas de volver.
Viajar en familia por el nordeste de Brasil es una experiencia completa: intensa, diversa y llena de recuerdos que quedan para siempre.