1. Primera Llegada: Aterrizaje y el Traslado desde Fiumicino
El primer día en Roma llegamos al mediodía al Aeropuerto Leonardo da Vinci (Fiumicino - FCO). Tras recoger las maletas, tocaba el primer desafío logístico: llegar a tiempo al centro, ya que teníamos reservadas entradas para el Coliseo a las 15:00 hs.
¡Años soñando este momento!, no había jet lag ni cansancio por 15 horas de viaje que nos detuviera.
¿Cómo ir del Aeropuerto Fiumicino (FCO) a Roma Termini?
Elegimos la opción más rápida para cumplir con nuestro horario:
- Tren Leonardo Express: Es la opción más directa y sin paradas. Va del aeropuerto a la Estación de Roma Termini.
- Duración: 32 minutos.
- Costo: Es más costoso que el bus, pero su velocidad y comodidad eran esenciales para nuestro itinerario.
- Tip: Hay boleterías automáticas y físicas. Es de los pocos trenes que no requiere compra anticipada obligatoria.
Nuestro hotel estaba a metros de Termini, facilitando un check-in express. Almorzamos algo rápido allí mismo, dejamos las valijas y salimos raudos hacia el metro.
Alternativas de Traslado Fiumicino a Termini
Existen alternativas como el taxi o los buses (Terravision, T.A.M, ROMEAIRPORTBUS). Los buses son económicos pero pueden demorar el doble según el tráfico. Para comparar trayectos y horarios recomendamos la plataforma Omio.
2. El Primer Impacto: Entrada al Coliseo
Tomamos el metro (Línea B, dirección Laurentina) y pagamos directamente con tarjeta Contactless 💳 en los molinetes. Bajamos en la parada Colosseo. Lo que ocurre a continuación es de las emociones más grandes que se pueden vivir viajando:
Apenas sales de la estación, allí está. Enorme, imponente, conservando sus arcos tras dos mil años de historia. Nos paralizó el primer golpe de vista.
Dentro del Anfiteatro Flavio
Pasamos los controles de seguridad de forma ágil con nuestras entradas digitales/impresas. Lo primero que se divisa en el interior es la cruz colocada en homenaje a los cristianos caídos.
Al mirar hacia la arena se distinguen los complejos subterráneos (*hipogeo*). Es fascinante la ingeniería logística romana: con capacidad para más de 50.000 espectadores, la gente ingresaba de forma ordenada mediante números esculpidos sobre los arcos exteriores que aún hoy pueden apreciarse.
Apps de apoyo y Audioguías
Utilizamos la app oficial My Colosseum (gratuita). La entrada general da acceso también al Foro Romano y al Monte Palatino. Otras aplicaciones recomendables son Izi.Travel, Cicero y Y&Go.
Opciones de Visita Guiada
Si prefieres recorrerlo con un guía experto que te explique la historia a fondo:
📱 Puedes escribirnos a viajoxmicuenta@gmail.com para solicitar un código de descuento en tu primera compra.
3. Foro Romano y Arco de Constantino
Al salir del Coliseo encontramos el monumental Arco de Constantino. Destaca por sus relieves y medallones, muchos reutilizados de monumentos anteriores dedicados a otros emperadores. Se contempla perfectamente de forma libre sin necesidad de entrada.
Continuamos hacia el Foro Romano, el centro neurálgico de la antigua vida pública. Al ser un yacimiento arqueológico extenso, recomendamos llevar audioguía para identificar puntos clave como el Arco de Tito, el Templo de Vesta, la Via Sacra, la Basílica de Majencio y el altar donde fue incinerado Julio César.
💡 ¿Buscas entradas agotadas o alternativas?
Organizar visitas por cuenta propia requiere anticipación, especialmente en los monumentos más concurridos del mundo. Si te quedaste sin cupo en los sitios oficiales o prefieres la comodidad de un tour guiado, te invitamos a leer nuestra comparativa detallada entre Tiqets, GetYourGuide y las webs oficiales, analizando precios, ventajas y opciones confiables tanto para el Coliseo como para El Vaticano, la Torre Eiffel y la Sagrada Família.
4. Foros Imperiales y Atardecer en el Vittoriano
Bordeando la salida conectamos con los Foros Imperiales y la detallada Columna de Trajano, cuyos relieves en espiral narran las campañas militares del emperador.
Para cerrar la tarde nos dirigimos al Monumento a Víctor Manuel II (Vittoriano) en Piazza Venezia. Subimos en ascensor hasta la azotea panorámica, que ofrece una vista en 360 grados de toda la ciudad con el Coliseo al fondo iluminándose con los últimos rayos de sol.
5. Consejos Prácticos de Transporte en Roma
Moverse por Roma en transporte público es sencillo si se conocen las modalidades de pago:
- Billetes Estándar (100 min): Válidos para metro, bus y tranvía. Se compran en estancos (Tabacchi) o máquinas de las estaciones y deben validarse al subir.
- Pago Contactless 💳: Puedes apoyar tu tarjeta física o celular directamente en los lectores amarillos/rojos del bus o molinetes del metro.
- Aplicaciones útiles: Google Maps y Moovit son excelentes para conocer líneas y comprar billetes digitales en formato QR.
💡 Tip Viajero: Transporte en Italia
Consulta también nuestra guía específica sobre Cómo moverse en Italia: transporte público, trenes y consejos útiles para viajes entre ciudades.
6. Roma, Nuestro Regreso: Del Panteón a la Piazza Navona
Luego de visitar Florencia y el norte de Italia, regresamos a Roma para iniciar la segunda parte de nuestra exploración. Tras un check-in temprano, salimos decididos a recorrer los rincones del centro histórico que teníamos pendientes.
Nuestra primera parada fue el Panteón de Agripa, una obra cúspide de la arquitectura romana reconstruida por el emperador Adriano.
Su cúpula de hormigón no armado sigue siendo la más grande del mundo en su tipo. En el centro, el óculo de 9 metros deja ingresar la luz natural (y la lluvia, drenada por el suelo enlosado).
En su interior descansa el célebre pintor renacentista Rafael, junto a los reyes de la Italia unificada.
Al salir nos detuvimos en la Piazza della Rotonda, ubicada bien frente al Panteón. Es una pequeña plaza dominada por su antiguo obelisco egipcio y la fuente que lo sostiene.
Nuestro siguiente punto de recorrida fue la Iglesia de San Ignacio de Loyola.
Continuamos hacia la Iglesia de San Ignacio de Loyola, donde disfrutamos de una de las grandes maravillas del Barroco romano: la espectacular falsa cúpula pintada por Andrea Pozzo. La perspectiva hace que el techo parezca abrirse hacia un cielo infinito. No hicimos la típica espera para fotografiarnos en el espejo; queríamos aprovechar el tiempo y seguir recorriendo Roma. Así que apoyamos el celular en el piso, foto lista y continuamos.
Nuestro siguiente punto de recorrida caminando fue la Piazza Navona, presidida por la emblemática Fuente de los Cuatro Ríos de Gian Lorenzo Bernini, que representa al Danubio, Ganges, Nilo y Río de la Plata.
La Piazza Navona es una des nuestras plazas favoritas. En el centro se encuentra la monumental Fuente de los Cuatro Ríos, obra maestra de Bernini, frente a la iglesia de Sant’Agnese in Agone.
La fuente representa cuatro grandes ríos de los continentes conocidos por los europeos en aquella época: el Danubio por Europa, el Ganges por Asia, el Nilo por África y el Río de la Plata por América. Cada río está personificado mediante una figura masculina y acompañado de diferentes elementos simbólicos. Sobre ellos se levanta un antiguo obelisco egipcio que completa la impresionante composición.
La famosa historia de la supuesta rivalidad entre Bernini y Borromini, según la cual las esculturas se “señalan” o se burlan de la iglesia de enfrente, es más leyenda que realidad, pero resulta una de esas historias que hacen todavía más entretenida la visita.
La plaza estaba llena de vida: turistas, estudiantes, pintores callejeros, restaurantes y heladerías. Esperamos a que se retirara un gran contingente de visitantes para poder disfrutarla con un poco más de tranquilidad. Y valió la pena.
7. Ponte, Castel Sant’Angelo y El Vaticano
Llegamos junto al Tiber, justo frente al Palacio de Justicia.
La fachada del Palacio nos pareció realmente hermosa. Además, está adornado con una magnífica estatua de una cuadriga, que le da todavía más presencia y elegancia al conjunto. No fue simplemente una caminata junto al Tíber: todo el recorrido estuvo acompañado por una arquitectura espectacular, y el día, soleado y precioso, nos permitió aprovechar Roma a pleno.
Seguimos caminando junto al Tíber, en una tarde soleada y preciosa, hasta llegar al Ponte Sant’Angelo, también conocido históricamente como Puente de los Peregrinos.
A la entrada nos reciben las figuras de San Pedro y San Pablo y, a continuación, una magnífica sucesión de ángeles que sostienen los símbolos de la Pasión de Cristo. El puente conduce directamente al antiguo mausoleo de Adriano, convertido posteriormente en el imponente Castel Sant’Angelo.
Como teníamos la entrada reservada, el acceso fue muy rápido. Comenzamos a subir por la enorme rampa helicoidal interior, diseñada originalmente para permitir el paso de caballos y vehículos. A medida que avanzábamos descubrimos salas, frescos y espacios que muestran las distintas etapas de la construcción: de mausoleo imperial a fortaleza, residencia papal y prisión.
Pero uno de los grandes premios estaba arriba: las vistas. Tuvimos la suerte de encontrar muy poca gente y pudimos disfrutar de la terraza casi para nosotros. Desde allí contemplamos el Tíber, Roma y el Vaticano. Incluso tuvimos que retirarnos de una zona porque estaban realizando una filmación, pero la poca gente que había en ese momento nos permitió sacar fotografías y disfrutar muchísimo del lugar.
En lo alto del castillo se encuentra la figura del arcángel Miguel. Según la tradición, en el año 590, durante una epidemia que afectaba a Roma, el papa Gregorio Magno habría visto al arcángel sobre el mausoleo, envainando su espada. La visión fue interpretada como una señal del final de la epidemia y dio origen al nombre de Castel Sant’Angelo.
Desde la terraza también pudimos distinguir el antiguo corredor fortificado conocido como Passetto di Borgo, que comunicaba el Vaticano con el castillo y servía como vía de refugio para los papas en momentos de peligro. Nosotros no entramos en el Passetto ni lo recorrimos desde afuera: lo vimos desde lo alto del castillo. Se trata de esa fortificación elevada que se extiende hacia el Vaticano, integrada en las murallas que rodean el Borgo. Aunque forma parte del conjunto histórico, no está abierta al público de manera habitual; el acceso solo se habilita en ocasiones o días especiales. Por eso, en nuestra visita pudimos contemplarlo desde arriba, pero no caminar por su interior.
Para hacer una merecida pausa, nada mejor que sentarnos a tomar un exquisito capuchino en la cafetería del castillo, contemplando el Vaticano mientras el cielo comenzaba a teñirse de esos tonos amarillos, rosados y dorados del atardecer.
La cercanía con El Vaticano nos llevó a proponernos entrar a este país independiente, a probar suerte si podíamos entrar y ya visitar la Basílica de San Pedro.
No sabemos si fue suerte, o que la procesión por El Jubileo nos ayudó, pero en poco tiempo ya estábamos en la Basílica de San Pedro disfrutando de la magnífica obra de Miguel Ángel: "La Piedad" y el delicado lujo incluido en esa basílica, donde el arte se despliega por todas partes.
8. Parque de los Acueductos: Una Jornada Diferente
Como siempre, nos levantamos temprano. Esta vez decidimos alejarnos del centro histórico y conocer una zona de Roma completamente diferente: el Parque de los Acueductos.
Y fue una muy buena decisión.
El parque se encuentra en la llamada Campagna Romana y ocupa unas 240 hectáreas. Es un espacio enorme, abierto y prácticamente llano, muy diferente de la Roma de las calles estrechas, las plazas y las colinas del centro. Allí se conservan los restos de varios de los antiguos acueductos que abastecieron de agua a Roma.
Lo primero que nos llamó la atención fue la tranquilidad. Familias paseando, niños andando en bicicleta, personas corriendo, haciendo deporte o simplemente disfrutando del día. Y entre toda esa vida cotidiana aparecían las enormes estructuras romanas.
Por momentos parecía que estábamos dentro de una película.
El paisaje abierto, la vegetación y aquellos gigantescos acueductos atravesando el campo daban una imagen completamente distinta de Roma. Era como encontrarnos con la ciudad original, pero lejos del ruido del centro turístico.
Una obra de ingeniería que todavía impresiona
Lo que más nos sorprendió fue descubrir que no estábamos frente a un único acueducto, sino ante distintas etapas de una extraordinaria obra de ingeniería.
En el parque quedan restos de seis de los once acueductos que antiguamente abastecían a Roma: Anio Vetus, Aqua Marcia, Aqua Tepula, Aqua Iulia, Aqua Claudia y Anio Novus. Además, por la zona también pasó posteriormente la llamada Marrana dell'Acqua Mariana y se encuentra el Acquedotto Felice, de época mucho más reciente.
El Aqua Marcia, construido entre 144 y 140 a. C., recorría unos 91 kilómetros, buena parte de ellos bajo tierra. Sobre parte de su estructura se colocaron posteriormente los conductos de la Tepula y la Iulia.
Pero las estructuras que más impresionan por su tamaño son las del Aqua Claudia, iniciado bajo Calígula en el año 38 d. C. y terminado bajo Claudio en el 52 d. C. Sus enormes arcadas de bloques de toba llegan en algunos sectores hasta unos 28 metros de altura. Sobre ellas se colocó el conducto del Anio Novus, otra obra iniciada por Calígula y terminada por Claudio.
Caminar debajo de esas arcadas y pensar que por allí circulaba el agua que necesitaba una de las ciudades más importantes del mundo antiguo es impresionante.
Y quizás eso fue lo que más disfrutamos: no estábamos simplemente mirando ruinas. Estábamos viendo una obra de ingeniería que permitió que Roma creciera y prosperara.
9. De la Piazza del Popolo al Pincio y Piazza di Spagna
Después de disfrutar de este paisaje tan diferente, volvimos hacia el centro de Roma. Nuestra siguiente parada era la Piazza del Popolo.
La llegada ya fue parte de la experiencia porque entramos a la plaza atravesando la Porta del Popolo, la antigua Porta Flaminia, una de las puertas históricas de acceso a Roma.
Atravesar ese arco y encontrarnos de frente con la enorme plaza fue una de esas entradas que hacen que uno sienta que está entrando en la Roma histórica.
La Piazza del Popolo es una enorme plaza de forma elíptica. En el centro se encuentra el Obelisco Flaminio, un auténtico obelisco egipcio de unos 24 metros de altura, que fue llevado a Roma en tiempos de Augusto y posteriormente trasladado hasta aquí en 1589.
A su alrededor están las fuentes con sus característicos leones de mármol blanco, y desde la plaza se abre el famoso Tridente: tres grandes calles que parten como un abanico. En el centro, Via del Corso; a un lado, Via di Ripetta; y al otro, Via del Babuino, que sería nuestro camino hacia Piazza di Spagna.
Pero nuestra visita tuvo además un protagonista inesperado.
Había un artista callejero haciendo un espectáculo con enormes pompas de jabón y había conseguido reunir a una cantidad de niños que pocas veces habíamos visto en Roma. Los chicos corrían detrás de las pompas, fascinados, mientras los adultos disfrutábamos de la escena.
Por un rato, entre monumentos, turistas y siglos de historia, la Piazza del Popolo se convirtió simplemente en una plaza alegre, llena de niños jugando.
Y eso también es Roma.
Subimos al Pincio
En lugar de seguir directamente hacia Piazza di Spagna, decidimos subir hacia la Terraza del Pincio. Había que subir escaleras y afrontar alguna calle bastante empinada, pero el esfuerzo valió la pena.
Desde allí teníamos una magnífica vista de la Piazza del Popolo y, a lo lejos, aparecía la cúpula de San Pedro dominando el horizonte. Es una de esas panorámicas que hacen que uno se quede un rato simplemente mirando.
Dicen que el atardecer desde aquí es especialmente bonito. Nosotros llegamos bastante antes, así que decidimos disfrutar la terraza de otra manera: encontramos unos excelentes músicos callejeros, nos sentamos, tomamos algo y simplemente disfrutamos del espectáculo.
Y, por supuesto, ellos se ganaron nuestra gratitud económica. Siempre pensamos que cuando alguien aporta buena música y hace más agradable nuestro paseo, corresponde reconocerlo.
Desde la terraza seguimos caminando por el Pincio, un gran parque público diseñado en el siglo XIX por Giuseppe Valadier. Sus avenidas fueron concebidas desde el comienzo para permitir el paso de carruajes, algo que hoy cuesta imaginar viendo a las familias paseando tranquilamente por allí.
El ambiente era completamente diferente al del centro: familias, niños andando en bicicleta y en monopatín, personas caminando y disfrutando de los espacios verdes.
Nos encantó.
Entre Villa Medici y los jardines del Pincio
Continuamos por los amplios senderos del Pincio, rodeando Villa Medici, un elegante palacio renacentista que ocupa una posición privilegiada sobre la colina.
En lugar de seguir directamente hacia Piazza di Spagna, nos desviamos por senderos rodeados de árboles frondosos. El ambiente era tranquilo, familiar y muy relajado.
Seguimos caminando hasta encontrarnos con una fuente, mientras alrededor nuestro las personas disfrutaban de ese espacio verde.
Era una de esas pausas que no estaban previstas en el itinerario y que terminan convirtiéndose en uno de los mejores recuerdos del día.
Después retomamos el camino por el Viale del Belvedere, disfrutando del paseo y de los jardines del Pincio, hasta acercarnos finalmente a la parte superior de Piazza di Spagna.
Trinità dei Monti y el obelisco que parece egipcio
Arriba de la famosa escalinata se encuentra la iglesia de la Santissima Trinità dei Monti, una iglesia de origen francés que todavía forma parte de las iglesias católicas francófonas de Roma. Su construcción comenzó a finales del siglo XV con apoyo de la corona francesa.
Entramos a conocerla y allí encontramos una obra que nos llamó especialmente la atención: el Descendimiento de la Cruz, de Wilhelm Theodor Achtermann, escultor alemán del siglo XIX.
La obra que se conserva actualmente es un calco en yeso de la escultura original que Achtermann realizó para la catedral de Münster y que fue destruida durante la Segunda Guerra Mundial.
Representa a Jesús después de ser bajado de la cruz, acompañado por las figuras que expresan el dolor de la escena.
Al salir pasamos junto al obelisco Sallustiano, situado justo frente a la iglesia.
Y acá hay un dato curioso: aunque a primera vista parece otro de los antiguos obeliscos egipcios de Roma, este no es egipcio.
Es un obelisco romano de los siglos II o III d. C., realizado en granito rojo e inspirado en los modelos egipcios. Incluso sus jeroglíficos fueron añadidos posteriormente, imitando inscripciones antiguas.
Piazza di Spagna: otra Roma completamente distinta
Comenzamos entonces a bajar por la famosa Scalinata di Trinità dei Monti, construida entre 1723 y 1726 según el proyecto de Francesco De Sanctis.
La escalinata une la parte alta del Pincio con Piazza di Spagna y se convirtió con el tiempo en uno de los grandes lugares de encuentro de Roma.
Hay que tener en cuenta algo importante: no está permitido sentarse en los escalones.
Cuando nosotros llegamos, ya pasado el mediodía, la cantidad de personas era impresionante. Había tanta gente que disfrutar tranquilamente del monumento resultaba bastante complicado.
Por suerte, alrededor de la escalinata hay lugares donde sí se puede sentar, y conseguimos encontrar un espacio para descansar y observar todo el movimiento.
El contraste con el Pincio era enorme. Hacía apenas un rato estábamos caminando entre árboles, familias y niños jugando, y ahora estábamos en uno de los puntos más concurridos de Roma.
Y en el centro de toda esa escena estaba la Fontana della Barcaccia.
La fuente, construida entre 1626 y 1629 por Pietro Bernini, padre de Gian Lorenzo, tiene la forma de una embarcación semihundida. Su diseño está relacionado probablemente con las frecuentes crecidas del Tíber y también con las características del suministro de agua de la zona: al estar por debajo del nivel de la calle podía aprovechar mejor la poca presión disponible del antiguo Acqua Vergine.
Nos quedamos un rato disfrutándola. Después de todo el recorrido, sentarnos alrededor de la plaza y simplemente mirar el movimiento de Roma también formaba parte del disfrute.
10. De Piazza di Spagna a la Fontana di Trevi
Después de disfrutar de Piazza di Spagna seguimos caminando rumbo a la Fontana di Trevi, pero antes necesitábamos almorzar.
Por el camino nos encontramos con uno de esos lugares que se hicieron famosos en las redes sociales: un pequeño local donde preparaban pasta en el momento, con la posibilidad de comer allí en unas pocas mesas o llevarla para comer afuera.
El precio era muy tentador, alrededor de cinco euros, y por eso había bastante gente esperando.
La cola tampoco parecía interminable.
El problema era otro: no avanzaba.
Y además, por lo que habíamos visto, la propuesta era básicamente comprar la pasta y comerla de pie, ya que el lugar tenía muy pocas mesas y no contaba con baño.
Y después de caminar tantos kilómetros por Roma, pensamos que también había que mimarse un poco.
Cuando viajamos desde tan lejos, después de muchas horas de vuelo y con pasajes que representan un gasto importante, intentamos aprovechar cada minuto. Pero aprovechar el tiempo no significa necesariamente correr de un lugar a otro.
A veces también significa sentarse, comer tranquilos, descansar un rato y tener las comodidades que uno necesita.
Así que decidimos seguir caminando y alejarnos un poco de la zona más turística.
Encontramos una trattoria, llamada Pasta Urbana, con un menú bastante más variado y nos pareció una opción mucho más adecuada para ese momento del día.
Pedimos carbonara y pollo con verduras salteadas. Todo una delicia
Algo que también nos gustó mucho fue poder ver la cocina a través de un vidrio. Se veía cómo preparaban los platos en el momento y todo transmitía una sensación de orden, limpieza y prolijidad.
Fue una de esas comidas sencillas que terminan siendo un buen recuerdo del viaje.
De allí seguimos nuestro camino hacia la Fontana di Trevi.
Fontana di Trevi: mucho más que una foto
Llegar a la Fontana di Trevi fue impresionante… y también un pequeño desafío.
Había tanta gente que prácticamente era imposible acercarse. Los fotógrafos intentaban conseguir una imagen y pedían a las personas que estaban adelante que se movieran para poder fotografiar a sus clientes.
Nosotros conseguimos colocarnos en primera fila, cerca del borde, y poco a poco fuimos avanzando hacia el interior para poder verla mejor.
Porque una cosa es llegar, sacarse una foto y decir «estuve en Trevi», y otra muy diferente es detenerse a mirar los detalles.
La fuente es realmente espectacular.
En el centro aparece Océano, representado sobre un carro con forma de concha y tirado por dos caballos marinos. Uno de ellos aparece tranquilo, mientras el otro representa el movimiento y la agitación del mar.
A los lados aparecen las figuras de la Abundancia y la Salubridad, relacionadas con los beneficios del agua.
También está la figura femenina vinculada a la antigua leyenda de la joven que habría señalado a los soldados romanos dónde encontrar un manantial de agua fresca. Esta historia está relacionada con el origen del nombre Aqua Virgo, el antiguo acueducto que alimenta la fuente.
Y acá hay una aclaración importante: aunque a veces se la identifica erróneamente como una Virgen, no representa a la Virgen María.
Después de mirar todo aquello con bastante más calma de la que permitía la multitud, llegó el momento inevitable.
Tiramos la moneda.
Por las dudas.
Porque ya que estábamos en Roma, mejor asegurarnos de volver.
La tradición dice que quien arroja una moneda de espaldas a la fuente regresará a Roma. Y nosotros, por supuesto, no quisimos correr riesgos.
11. Santa Maria Maggiore: El Cierre del Recorrido
Después de la Fontana di Trevi continuamos nuestro recorrido hasta la Basílica de Santa Maria Maggiore, una de las cuatro basílicas papales de Roma
Cuando llegamos había una cola bastante larga, pero avanzaba sorprendentemente rápido. Estábamos en los últimos meses del Jubileo de 2025 y todavía estaba abierta la Puerta Santa, que había sido abierta el 1 de enero de ese año.
Pero lo que más nos conmovió comenzó incluso antes de entrar.
Atravesar la Puerta Santa y encontrarnos frente a la magnificencia de Santa Maria Maggiore fue una experiencia muy especial. La basílica conserva una enorme riqueza artística e histórica, con mosaicos del siglo V en la nave central y un interior donde diferentes épocas de Roma parecen convivir en un mismo espacio.
Uno de los lugares que más nos impactó fue acercarnos a la tumba del papa Francisco. También nos conmovió poder contemplar el relicario que conserva los restos de madera venerados tradicionalmente como parte de la Sagrada Cuna, vinculada al nacimiento de Jesús. La propia basílica es conocida desde antiguo como Sancta Maria ad Praesepem, «Santa María del Pesebre».
Y después levantamos la mirada.
El techo de madera dorado es realmente impresionante. Según la tradición recogida por Turismo Roma, fue dorado con el primer cargamento de oro americano, regalo de Isabel de España al papa Alejandro VI.
Nos sorprendió también la cantidad de detalles que aparecen por todas partes: los mosaicos, las capillas, los mármoles, las obras de arte y esa sensación de estar recorriendo siglos de historia dentro de un mismo edificio.
Fue una visita que nos dejó mucho más que una fotografía. Nos hizo detenernos, mirar y disfrutar.
Y todavía quedaba una última sorpresa
Cuando salimos, ya estaba cayendo la tarde.
Pero en lugar de dar por terminado el día, decidimos recorrer los alrededores de la basílica y caminar hasta la parte posterior.
Allí nos encontramos con otro de esos monumentos que demuestran hasta qué punto Roma es una ciudad de capas históricas: el Obelisco Esquilino, situado en Piazza dell'Esquilino, justamente detrás del ábside de Santa Maria Maggiore.
A primera vista parece uno de los grandes obeliscos egipcios que encontramos por toda Roma, pero su historia es un poco más compleja. Está realizado en granito rojo y probablemente fue una obra romana que imitaba los modelos egipcios; también existe la posibilidad de que fuera un obelisco más antiguo trasladado desde Egipto.
Originalmente estuvo junto a su gemelo, el Obelisco del Quirinal, en la entrada del Mausoleo de Augusto. Después de siglos enterrado y fragmentado, fue recuperado y, en 1587, el papa Sixto V decidió colocarlo en su ubicación actual.
Y así, ya con la luz del día desapareciendo, terminamos nuestro recorrido.
Habíamos comenzado la mañana entre los enormes acueductos que llevaron agua a la antigua Roma y, muchas horas después, cerrábamos el día frente a un obelisco que nos volvía a recordar la increíble mezcla de culturas, épocas y civilizaciones que forman esta ciudad.
Un día larguísimo, caminando muchísimo, pero lleno de esas pequeñas experiencias que hacen que viajar por nuestra cuenta tenga tanto sentido.
Porque en Roma uno puede salir con el recorrido perfectamente planificado, pero siempre termina encontrando algo más.
Y ese «algo más» muchas veces es justamente lo que queda en el recuerdo.
💡 Resumen de Tips Viajeros de este recorrido
- Parque de los Acueductos: Acceso libre y una excelente opción para combinar historia, naturaleza y tranquilidad.
- Pincio: Vale la pena subir aunque no sea al atardecer. Las vistas hacia Piazza del Popolo y San Pedro son magníficas.
- Piazza di Spagna: Si querés disfrutarla con menos gente, intentá ir temprano.
- Escalinata de Piazza di Spagna: No está permitido sentarse en los escalones; alrededor hay lugares donde descansar.
- Movilidad: Si llegás cansado después de caminar por Roma o tenés dificultad para subir o bajar escaleras, el acceso del Metro Spagna puede ser una alternativa más cómoda.
12. Tívoli y Museos Capitolinos
Al día siguiente nos esperaba el primer domingo del mes. Para los que ya han estudiado el viaje ya sabrán que es la oportunidad de visitar museos y atraciones estatales sin costo.
Nuestra elección sería visitar la mayor parte del día Villa d'Este en Tívoli y los Museos Capitolinos en la tardecita
Tívoli - A 1h de roma y menos de 3 euros
Lamentablemente poca gente conoce Tívoli. Muy cerca de Roma y un atractivo formidable.
La Villa d'Este es un Jardín enorme con una espectacular obra de ingeniería de la edad media, don de enormes lenguas de agua generan un espectáculo de danza de aguas, junto con un espacio muy agradable.
Tuvimos la sopresa adicional, que también la Villa Adriana (si la del Emperador Adriano que construlló el muro que separa a Escocia de Inglaterra) también tenía entrada gratuita.
Como es una viaje espectacular en sí mismo, les dejamos aquí el link del artículo de nuestro viaje. Indicamos ćomo ir y cómo recorrer estas atracciones.
También pueden tomar un tour como el siguiente para ir descontracturados.
Museos Capitolinos
Después de recorrer Tivoli regresamos a Roma. Aunque el día había sido intenso, Gerardo todavía tenía una cuenta pendiente: volver a ver el Coliseo y conocer los Museos Capitolinos, uno de los lugares que más esperaba visitar.
Era el primer domingo del mes y el Coliseo estaba desbordado de visitantes. Muchas calles permanecían cerradas y varias paradas de autobús habían cambiado de ubicación. Fue un buen recordatorio de que la entrada gratuita atrae multitudes y que, a veces, otros museos de Roma ofrecen una experiencia mucho más tranquila sin resignar calidad.
Tras subir la elegante Cordonata, la escalinata diseñada por Miguel Ángel para que incluso los caballos pudieran ascender con facilidad, llegamos a la Piazza del Campidoglio. Allí se encuentra el museo público más antiguo del mundo, inaugurado en 1471 cuando el papa Sixto IV donó un grupo de esculturas de bronce al pueblo de Roma. Ese gesto marcó el nacimiento de uno de los primeros museos abiertos a la comunidad.
Apenas comenzamos el recorrido entendimos por qué este lugar tiene tanta fama. Nos recibió la célebre Loba Capitolina, símbolo de la ciudad. Aunque durante siglos se creyó que era una obra etrusca, hoy muchos especialistas consideran que la loba podría ser medieval, mientras que las figuras de Rómulo y Remo fueron añadidas durante el Renacimiento.
Es un buen ejemplo de cómo la historia también cambia a medida que aparecen nuevas investigaciones.
Sin embargo, la obra que más nos impresionó fue el coloso de Constantino I. Solo se conservan algunos fragmentos de mármol —la cabeza, una mano, un pie y otras partes—, pero son suficientes para imaginar una estatua que alcanzaba unos doce metros de altura. Estar frente a ese enorme rostro produce una sensación conmovedora.
El contraste llegó unos minutos después con Spinario. Mientras el coloso impresiona por su tamaño, esta pequeña escultura cautiva por su delicadeza. Un niño concentrado en quitarse una espina del pie logra transmitir una naturalidad sorprendente después de más de dos mil años.
Pero lo que nos erizó la piel fue la "Tensa", un majestuoso carro romano de bronce del siglo IV; al acercarte, descubres grabada en sus placas la mismísima vida mítica de Aquiles.
Para quienes leímos novelas históricas de los romanos (como por ejemplo de Santiago Posteguillo) es un momento icónico en la vida estar frente a un carro de estos.
La Fuente de Marforio (Fontana di Marforio), ubicada en el patio del Palazzo Nuovo merece una mención especial.
Esta escultura es precisamente una de las famosas estatuas parlantes (statue parlanti) de Roma.
Entre los siglos XVI y XIX, los romanos utilizaban las estatuas antiguas de la ciudad como un buzón anónimo para expresar su descontento político, burlarse de las autoridades, criticar al Papa o satirizar a las clases altas. Los mensajes satíricos (conocidos como pasquinades) se colgaban por las noches.
Aunque la estatua más famosa de este grupo es Pasquino, Marforio mantenía con ella una estrecha y divertida rivalidad. Ambas esculturas se "respondían" entre sí mediante diálogos escritos en verso: mientras Pasquino lanzaba la crítica o la pregunta punzante desde su ubicación (cerca de la Piazza Navona), Marforio respondía desde su ubicación original en el Foro Romano simulando una conversación pública que la ciudad entera leía a la mañana siguiente.
Uno de los momentos más especiales fue salir al mirador cuando ya había caído la noche. Desde allí contemplamos el Foro Romano iluminado y, a lo lejos, el Coliseo destacándose entre las luces de la ciudad. Fue una de esas imágenes que quedan grabadas para siempre.